Descripción
Empieza tu Camino Francés en la histórica villa de Melide. Hoy no hay prisa: respira, pasea sus calles, siente el ambiente peregrino y regálate el primer ritual de la ruta: probar el pulpo en una pulpería de Melide. Ese bocado sabe a comienzo y a promesa. No necesitas una semana para vivir algo que te cambie: ya lo estás sintiendo. Sello en la credencial si te apetece, cena temprana y a descansar: mañana comienza tu aventura a pie.
En esta primera etapa hacia Arzúa, el Camino transcurre entre aldeas, senderos de tierra, bosques y pequeños puentes que te guíarán sin complicaciones. Tras Boente, los “sube y baja” ponen ritmo a las piernas: tómalos con calma, como una conversación contigo mismo. Ribadiso invita a parar junto al río Iso y mojar los pies, donde las amistades nacen sin esfuerzo, sin filtros, sin máscaras. Personas de lugares distintos, unidas por el mismo polvo en los zapatos y el mismo horizonte. El Camino enseña que las relaciones más auténticas no se planean; simplemente suceden. Al llegar a Arzúa, celebra el día con una degustación de queso Arzúa-Ulloa (D.O.). Camina, siente y vive la simple alegría de avanzar.
Desde Arzúa la ruta se vuelve más amable y arbolada. Los caminos serpentean entre pastos, pequeñas capillas y aldeas tranquilas como Salceda o Santa Irene, donde la fuente de los peregrinos refresca el cuerpo y el alma. Aquí, la vida se simplifica: caminar y sentir, vivir. No hay notificaciones, ni relojes, ni obligaciones. La felicidad se encuentra en lo básico: una comida caliente, un atardecer dorado, una conversación sincera. Se aprende que no hace falta más para sentirse pleno. La desconexión del mundo exterior se convierte en una reconexión con uno mismo. A cada paso crece esa emoción compartida entre peregrinos: Santiago está cerca. En O Pedrouzo, cena tranquila, credencial sellada y noche temprana, que mañana madrugamos para saborear el final.
Madrugar hoy es un regalo. El sendero huele a eucalipto y a meta, y es que el último tramo hacia Santiago de Compostela es un torbellino de emociones. El paso por Lavacolla, donde antiguamente los peregrinos se purificaban antes de entrar en la ciudad santa, anuncia el final. Luego llega el Monte do Gozo, desde donde por primera vez se divisa la Catedral de Santiago de Compostela: detente un momento y sonríe.
Y finalmente, las campanas de la catedral marcan el cierre de la travesía. Has llegado a Santiago de Compostela a pie en solo tres días de etapa. Cruzar la Plaza del Obradoiro, abraza al Apóstol, visita su Tumba y pasea sin reloj por el casco histórico. Lo importante está aquí, y es que Santiago tiene mucho que descubrir.
Este último día tú mandas, puedes volver a casa o disfrutar de un día más en Santiago. Y es que, qué bonita es Compostela.














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